martes, diciembre 21, 2004

El otro día hablé con un pájaro

El otro día hablé con un pájaro. Nunca antes lo había hecho y creo que también fue su primera vez. Me contó que la famosa fase de "me lo ha dicho un pajarito" era verdad en parte. Me dijo que los pájaros no solían hablar con las personas porque les aburríamos y que cuando lo hacían no era para contarnos cuándo era el cumpleaños de un niño o las notas que había sacado. Solían emplear esas charlas, decía, para cosas más útiles. Algunos, por ejemplo, habían inspirado grandes obras literarias con sus conversaciones.
La verdad es que me sorprendió lo bien que hablaba y lo fluido de la charla, aunque, como ya he dicho, era la primera vez que hablaba con un pájaro, por lo que no estaba acostumbrado. Por ello me costó entenderle al principio, pues empleaba metáforas constantemente.
Sólo por curiosidad le enseñé una foto y le pedí que la describiera. Nunca tildó el cabello de dorado, sino que lo comparó con las hojas otoñales. Los labios no fueron fresa, sino un pliegue por el que amanecían sonrisas y los ojos fueron, para él, el comienzo del mar, tantas veces buscado...
Después de esta descripción seguimos hablando, pero le notaba distinto. Le pregunté que qué le pasaba y me pidió que le llevase a esos ojos, que quería verlos en persona. No podía negarme, pero no podíamos llegar allí andando, así que me confesó un secreto. Me dijo que él podía convertirme en pájaro y dejarme volar con él, pero que, a cambio, yo tenía que guardar todos los secretos que descubriría siendo pájaro. Una vez prometido fuimos volando hasta una playa infinita en la que tan sólo había dos personas. Ambas me resultaban familiares. Una era la portadora de tan maravillosos ojos. De la otra sabía todo, aunque nunca había hablado con ella.
Al volver le prometí de nuevo a mi compañero de viaje no revelar nada de lo descubierto. Después desapareció. No he vuelto a hablar con él, pero espero impaciente nuestra próxima charla.

Palace divagó sobre esto a las 11:09 p. m..

martes, diciembre 14, 2004

A veces recuerdo

Pulso una tecla y adiós pensamiento. Llegó a nacer, pero no quedará aquí plasmado. El título ya no encaja. No es el primero. No sé si lo cambiaré. No quiero escribir, sólo pensar. Pensar en cosas como que antes todo era más fácil. Entonces no lo parecía, claro. Dentro de años esto me parecerá fácil, ¿no? Nunca pensé que pudiera haber exámenes más difíciles que los de Mila y jamás me creí capaz de hacer los ejercicios de Don Cecilio. Ahora no son los profesores quienes me presionan. Hubo una época en la que odiaba a las chicas. No era por nada, simplemente por encajar, supongo. Si no las odiabas te gustaban, y eso era algo malo, muy malo. Nuestro color favorito era el negro y el suyo el rosa. Y Conchi me obligaba a beberme el batido de fresa, aunque lo odiase. Mi mente vuelve corriendo al colegio y ahí ya me gustaban las chicas. A todos nos gustaban las chicas. Si no te gustaba alguna es que te gustaba un chico, y eso era malo, muy malo. Lo normal era que te gustase Marta Zamorano. Más adelante otras. Pero nunca las raritas. Éramos muy crueles. No sabíamos nada. Ahora también soy algo cruel, y dudo que sepa algo. Y otra vez a Hontanar. Una vez me costó mucho dormir la siesta porque mi madre me iba a comprar una tortuga ninja. Ahora no recuerdo si al final me la compró. Siempre me daba mucha pena cuando llegaba tarde a clase, porque no me daba tiempo a despedirme de ella. A veces me guardaba una moneda de cinco pesetas en el zapato y no me daba pena. Otras veces era una de esas conchas raras que encontrábamos en Denia y eran como ensaimadas. También lo hacía los primeros días de clase en el colegio. En el instituto creo que sólo lo hice un par de días. Hace tiempo que no lo hago, pero a veces necesitaría tantas monedas y tantas piedras en mi zapato... Supongo que es inevitable aferrarse a algo. Siempre me aferro a esperanzas, por vanas que sean. A la gente le digo que no, que espero lo peor, e incluso me intento convencer, pero en el fondo sé que no quiero pensar eso, que pienso que va a suceder lo mejor y entonces... no viene, no está, no llama, no es así... Siempre es un palo y siempre duele, pero sigo pensando que vendrá, que estará, que llamará, que será así...
Y de repente la Universidad. Y de repente soy mayor. Nadie me ha preguntado si quería serlo, pero todos han asumido que si. Ya no soy un niño. ¿Porqué? ¿Porqué tengo que aguantar cargas que no quiero? ¿Porqué tengo que tener prioridades y que renunciar a cosas y personas? ¿Porqué tengo que estar lejos? ¿Porqué las cosas son tan diferentes sin haber cambiado un ápice? ¿Porqué es o blanco o negro? ¿Porqué donde yo veo algo la gente no ve nada? ¿Porqué no veo nada en lo que la gente ve? ¿Porqué ya no puedo correr por la calle porque entonces estoy loco cuando antes lo hacía y era un niño adorable? ¿Porqué me miras así, tú que no eres nada? ¿Porqué tiene que estar mal si yo lo veo bien?
Y vuelvo al pasado y no había presiones, y no era mayor para nadie, y nadie me necesitaba, y cuando necesitaba a alguien estaba allí, y no había ogros, y la gente era distinta, y... joder, y no había tunos...


No es nada, simplemente quería escribir algo.


Palace divagó sobre esto a las 6:59 p. m..

Nombre: Palace
Edad: 22
Mas sobre mi: No hay mucho mas que saber