jueves, abril 14, 2005

Flores

En realidad nunca pasaba por esa calle. Normalmente iba por otras atajando. Pero esa noche me apetecía andar. Era uno de esos atardeceres extraños de primavera. De esos en las que los olores te rozan, hueles los colores que no existirían en otro momento y casi tocas el silencio. Así que decidí andar un poco más. Cuando lo piensas es cuando crees en el destino. "Si hubiera ido por donde siempre...". Bueno, tengo la teoría de que lo que pasa es que si no ocurre nada fuera de lo normal no nos fijamos y si pasa algo más extraño ya atribuímos la coincidencia al destino. Buscamos un paso que no hacemos normalmente y ahí está el destino tejiendo los hilos de la casualidad.

El caso es que era un atardecer maravilloso. Casi no había gente por las calles. La verdad es que por las calles de cerca de mi casa nunca hay nadie. De hecho me sorprendió ver a ese señor solo, sentado en un banco del paseo. Miraba los árboles, que ya florecían. Me saludó y le devolví el gesto casi mecánicamente. No le había visto en la vida, pero guardo cierto respeto a las personas mayores. No a todas, pero él emanaba una fuerza extraña. Cuando le pasé me llamó. "Chaval" me dijo "¿te importa sentarte un rato aquí conmigo?" Le miré extrañado. No me daba miedo, pero me parecía una petición un tanto extraña. "No, en absoluto" dije mientras me sentaba.

Ninguno abrió la boca en un largo rato. Nos quedamos mirando al infinito. No sé él, pero yo pensaba en ella. La iba a ver pronto. Como cada vez que la recordaba, apareció una fugaz sonrisa en mi cara. Tal vez podría llevarla una de esas flores... Seguro que le parecería cursi. A mí también me lo parecía. ¿Qué pensaría el hombre de esa idea? Le miré y sonrió. Volvió a dirigir su vista hacia las flores. Volví a pensar en ella.

"Me voy a morir. Me voy a morir en poco tiempo. No hace falta que llames a ningún médico, no necesito vivir más. ¿Sabes? Hace tiempo que estoy solo. Una vez amé a una mujer, pero murió. De eso hace ya mucho tiempo. Yo tendría un par de años más que tú. Ella era más pequeña. Estalló la guerra y a los pocos meses murió. Al principio desconfiaba de mí, finalmente nos juramos amor eterno. Ella se vio forzada a cumplirlo, así que yo también. No he vuelto a amar. Cada noche soñaba con ella. Durante el día no podía tenerla, pero por las noches era mía. Hace tiempo decidí reunirme con ella, pero nunca me atreví a acabar con mi vida. Ahora por fin ha llegado mi momento. Supongo que no creerás en Dios. Yo tampoco creía, pero cuando te haces mayor empiezas a hacerlo. Tal vez por miedo. Yo desde luego lo hice por miedo. Por miedo a no volver a verla, evidentemente. Sé que Él sabrá perdonarme los pecados que cometí en mi juventud. Sólo maté una vez y fue por no morir. Entonces ella todavía estaba a mi lado. Lo hizo a los pocos días. Entonces no pensé que me la hubieran quitado por lo que hice. Más adelante sí, más adelante llegué a creer que había sido un castigo. ¿Ahora? Ahora no lo sé. Espero que no, nunca me lo perdonaría. Creo en un Dios justo, no en uno que lance su ira contra las personas. Creo en uno que me la devolverá después de tanto tiempo."

Nunca había escuchado algo con tanta atención. Normalmente me cuesta no distraerme. También me cuesta mirar a los ojos, creo que por inseguridad. A él parecía que también, pues evitó mi mirada durante su historia. Cuando me fijé en sus ojos, ya casi vacíos vi una lágrima. No quise preguntarle, pero creo que en el fondo le daba algo de miedo morir. A pesar de sus creencias temía no verla. No sabía qué pensar. Efectivamente no creo en Dios, pero aquel hombre... ¿Podría ser que no la volviese a ver?

Empezaba a hacer un poco de frío. Debió de notarlo y me ofreció su chaqueta. Olía de una forma extraña. Olía a vida, pero también a muerte. Olía a sabiduría y a risas, pero también a errores y a lágrimas. Olía a todas las músicas, a pólvora y barro, a perfume y agua, a bosques y mares. Tenía miles de bolsillos, que imaginé llenos de historias. En algunos estaba el amor que había sentido por ella, en otros los sueños que había vivido, los viajes que había hecho y la sangre que había derramado. En uno, escondido cerca del corazón, estaba la vida que había quitado. En otro, secreto, estaban sus temores. En el más cercano a su mano derecha estaban los consejos que había acumulado durante una vida y en el más lejano los errores. Me sentía seguro con esa chaqueta.

"¿Sabe? Me recuerda a mi abuelo". Esta vez la lágrima fue mía. Sus ojos estaban cerrados y sonreía. Rocé su mano muy levemente y seguí mirando las flores. Podría dejar algunas en su tumba, seguro que le gustaría. También le llevaría una a ella.

Palace divagó sobre esto a las 9:04 p. m..

Nombre: Palace
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Mas sobre mi: No hay mucho mas que saber