sábado, febrero 18, 2006

La calle Fortuny

Hace bastante tiempo, en el mundo de los cuentos, hubo una revolución. En ella, brujas, piratas, dragones, príncipes malvados y madrastras se levantaron contra el gobierno establecido, en la ciudad de Cosmos. En ella, sembraron la destrucción disparando, quemando, atravesando y convirtiendo en sapo a todo aquel que se atreviese a salir a la calle.

Mientras tanto, el comité de sabios del gobierno trataba de encontrar una solución: no bastaba con enviar a los héroes de forma desordenada. Además, muchos de ellos no podían luchar: Peter Pan se había hecho mayor, Caperucita estaba embarazada, Pinocho tenía sinusitis… Decidieron, pues, organizar una defensa ordenada a base de barricadas. Así, en las calles más importantes se empezaron a colocar calabazas, que más tarde se convirtieron en carretas, para impedir el paso de los insurrectos; y carretas, que más tarde se convirtieron en calabazas, para alimentar a los defensores. Al frente de cada barricada se colocó a un valeroso guerrero: Doc Holiday en la calle del 18 de febrero, John McClane en la calle de la Plaza, Tarzán en la del Balcón, Eduardo Manostijeras en la calle Mendoza… La ciudad de Cosmos estaba preparada para resistir la batalla que no tardó en empezar.

Sin embargo, en las calles más lejanas la situación era distinta. Nadie sabía lo que ocurría en el centro y la vida transcurría con normalidad. Todos los jóvenes estudiaban para convertirse en príncipes, caballeros, o príncipes-caballeros. Las mujeres, por su parte, esperaban con ansia el día en que pasarían de ser doncellas para convertirse en princesas. Y el trovador, un miedica que aspiraba a ser un héroe para enamorar a su amada, componía en la calle Fortuny.

Pero, con el tiempo, las noticias llegaron a la calle Fortuny. Los jóvenes, raudos, prepararon su barricada, y las jóvenes, raudas, ataron sus pañuelos en las lanzas de sus enamorados. El trovador, por su parte, vio en esta la gran ocasión para que Susurro, su amada, cayese rendida a sus brazos; así que se alistó. Por un azar del destino (y porque manipuló la votación) salió elegido jefe de la barricada. Así que, con todo preparado, esperaron la embestida de sus enemigos.

Tras un tiempo, en el centro de la ciudad, se sofocó la insurrección. Tras un tiempo, en la calle Fortuny, seguían esperando. En el mundo de los cuentos no había ni radio, ni televisión ni teléfonos, por lo que nada sabían. Y siguieron esperando.

El ambiente en la barricada era cada vez más tenso. Todos los jóvenes veían cómo sus sueños de un rápido ascenso a la heroicidad se difuminaban en una interminable espera. El trovador, además, veía cómo Susurro se olvidaba de él. Y siguieron esperando.

Varios años pasaron en el mundo de los cuentos, varias nuevas historias se inventaron, y otras se olvidaron, como la de la calle Fortuny. Susurro no recordaba ya a su trovador. Las amadas no recordaban ya a sus, en otro tiempo, héroes. Ellos, mientras tanto, siguieron esperando.

Pero sucedió que, un día, el mundo de las pesadillas decidió conquistar el de los cuentos y, para hacerlo, decidió entrar por una calle desconocida, borrada hacía tiempo de los mapas: la calle Fortuny.

Entonces, una mañana, los vigías pudieron alertar como siempre habían soñado a sus camaradas de la barricada y estos defendieron como tantas veces habían imaginado. La batalla estaba siendo épica, pero las pesadillas eran más numerosas y empezaban a ganar terreno. Entonces, una figura surgió en el punto más alto de la barricada armada con una flauta. Y comenzó a tocar.

De pronto, por todas las calles de la ciudad Cosmos se escuchó una melodía que, por alguna razón, hacía a los habitantes dirigirse hacia ella. Así, poco a poco, iban llegando refuerzos a la barricada de la calle Fortuny, hasta que consiguieron repeler el ataque.

A la mañana siguiente, todos los miembros de la barricada estaban siendo nombrados héroes. Sólo faltaba el trovador, al que todos buscaban y al que no encontraron hasta días después, cuando salió, de la mano de Susurro, de la calle Fortuny.


Palace divagó sobre esto a las 11:47 a. m..

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