sábado, septiembre 23, 2006

Bruyncel y Breynzul

Cuando era pequeño y no podía dormir mi abuelo solía contarme la historia de Bruyncel y Breynzul. Ahora, cuando no puedo dormir, intento recordar la historia…

Bruyncel y Breynzul eran dos reinos vecinos gobernados por los reyes Chartrés y Chertrás, respectivamente. Se dedicaban fundamentalmente a la agricultura y la ganadería, y no solían comerciar más que entre ellos.

Los reyes Chartrés y Chertrás, además de hermanos, eran muy buenos amigos y solían alternar visitas los domingos para charlar, jugar a cartas y preparar partidas de caza.

Todo cambió el día en que una bruja hechizó a la hija de Chertrás. Éste había perdido a su mujer años antes y no se veía capaz de afrontar la muerte de su única hija, así que pidió ayuda a su hermano, quien le ofreció a su mejor caballero. Sin embargo, a pesar de superar todas las adversidades con las que se encontró, cuando derrotó a la bruja era demasiado tarde. La hija de Chertrás había muerto.

Tras un mes de luto oficial en ambas ciudades, el soberano de Breynzul había enloquecido por completo. Incapaz de asumir su soledad, había centrado su ira contra su hermano, a quien culpaba de todo por haberle recomendado a un caballero mediocre.

Días después le declaró la guerra, pero nadie quiso luchar. Los habitantes de Bruyncel y Breynzul siempre habían sido pacíficos y se negaban a empuñar sus armas contra nadie, y menos contra quienes consideraban casi sus familiares. Decidieron no hacer nada y esperar a que al rey Chertrás se le pasase el ataque de ira.

Tras casi un año, al ver que el estado del monarca no mejoraba, decidieron comenzar una guerra cada día de 5 a 6:30 de la tarde, excepto los domingos y festivos y reduciendo en media hora la duración de las batallas los sábados. El rey Chartrés aceptó las condiciones pensando en la salud de su hermano.

Todo iba bastante bien hasta que un desafortunado día, marcado para siempre en los corazones de bruyncelianos y breinzulenses, Rolando Valle perdió el equilibrio y clavó su espada en el corazón de Beltrán Salgado. En ese momento todo el mundo dejó de fingir para ver llorar a Rolando Valle, quien no volvió a considerarse persona hasta que, muchos años después, consiguió pedir perdón a todas las personas que habían conocido a Beltrán Salgado. Los habitantes de ambos pueblos juraron por el recuerdo de Beltrán no volver a coger un arma en sus vidas, estando seguros que la sangre habría calmado la ira demencial que atacaba al rey Chertrás. Se equivocaron.

La locura hacía mucho tiempo que era la única habitante del cuerpo de Chertrás, y la sangre no hizo más que alimentarla. Cuando vio que sus súbditos no le obedecían y se negaban a seguir con la contienda, decidió hacerlo él mismo. En pocas jornadas quemó cultivos e incluso una vivienda, afortunadamente deshabitada, ante la impotente mirada de quienes habían jurado no volver a ver la sangre. Los habitantes de Bruyncel pidieron ayuda a su rey.

Chartrés conocía a su hermano y sabía que quien cometía esos crímenes no podía ser el mismo Chertrás que no sabía disimular las trampas jugando a los naipes los domingos. Sabía también que sólo él podría detenerle. Cogió sus armas llenas de polvo y carentes de recuerdos de batalla y fue en busca de su hermano. Desgraciadamente le encontró.

Chartrés siempre había sido más ágil y robusto que su hermano, por lo que no le costó trabajo derrotarle. Sin embargo, lo que no puedo soportar fue escuchar las que fueron las últimas palabras de Chertrás y las primeras que pronunciaba él en mucho tiempo. Temiendo volverse loco él también, o tal vez porque ya lo estaba, desapareció y jamás volvió a ser visto.

Bruyncel y Breynzul no volvieron a participar en ninguna guerra o contienda, por insignificante que pareciese. Debido a esto, fueron desapareciendo poco a poco de los mapas, hasta que llegó un momento en que sólo eran visitadas por parejas de abuelos y nietos que no podían dormir.


Palace divagó sobre esto a las 1:55 a. m..

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