domingo, octubre 29, 2006

El fin del mundo

Quedaba poco para el fin del mundo y corríamos buscando el callejón más oscuro. Queríamos iluminarlo. Lo decidimos el día que anunciaron que sólo quedaban dos semanas de vida.

Lo vimos por televisión, pero lo dijeron radios, periódicos y prácticamente todas las páginas de Internet: El fin del mundo llegaría en dos semanas. No se sabía cómo sería ni se tenía claro del todo a qué se debería, pero el fin del mundo era cuestión de días. Eso decían todas las ecuaciones.

Al principio escepticismo. Después precaución. “Hagamos una lista de todo lo que hay que hacer. Si luego no llega el fin del mundo nos reiremos de nuestra credulidad.” Supimos que era verdad al llorar haciendo la lista.

“Día 1: Estar con mis padres y con los tuyos. Ver todas esas películas que queríamos ver. Saborear cada carcajada. Abrazarnos al dormir. Muy fuerte”

Tirabas fuerte de mi mano. Por primera vez eras tú la que tenías prisa. Habías encontrado el callejón perfecto. Me besaste como sólo tú sabes. Fuerza, pasión y suavidad. Amor y deseo. Tus manos nunca quietas, las mías tampoco, hasta que se encontraron. Pasión, pasión, pasión.

“Días del 2 al 11: Ver a todos. A vosotros, a ellas. A ti y a ti. A Martita. A los de clase. Emborracharnos juntos. Jugar al parchís, al dominó y al mus. No llorar.”

Un momento para mirarnos. Uno más. Te dije una vez más que me encantan tus ojos y me mandaste callar una vez más. Nos deseábamos, pero queríamos bucear en los ojos del otro una vez más. Nunca sabré si brillaban por las lágrimas o por mí. O sí, pero no me dejarías decirlo.

“Día 12: Leer mucho. Cosas distintas, mías, tuyas o de García Márquez, Bécquer, Cortázar, el uno al otro, a la vez (¿Ya? No, un segundo… ya). Con música. Emocionarnos y cantar. Reírnos.”

Te apartaste cuando me acerqué a tu oído y tuve que insistir. Volvió a hacerme gracia tu aversión a las cosquillas. Quería decirte que, si todo era verdad, te iba a echar de menos. Y que te quería. “Yo más”. Tuve que cerrar los ojos. Mis lágrimas cayeron en nuestros labios.

“Día 13: Dormir, comer, baños relajantes, masajes. Disfrutar. Discusiones teológicas. Quedar en un sitio del cielo o el infierno, por si acaso.”

La ropa molestaba. Me alejaba de ti. Busqué todos tus lunares. También el de la mano. Me despedí de ellos. Tú de los míos. Besos, caricias, sudor.

“Día 14: Decirnos que nos queremos nada más despertarnos. Ver el amanecer y el atardecer. Hablar. Mirar las estrellas. Buscar el callejón más oscuro y hacernos el amor.”

Jadeos. Suspiros. Palabras. Un beso. El fin del mundo.


Palace divagó sobre esto a las 6:52 p. m..

Nombre: Palace
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Mas sobre mi: No hay mucho mas que saber