jueves, noviembre 30, 2006

Claude

Hace años, muchos, nació Claude. Infancia dura, pero tampoco traumática. Adolescencia normal, con amores y desamores. Juventud dedicada a las aventuras: Mar, montañas, mesetas y Egipto. Y Allí fue donde cambió su vida…

Andando solo por el desierto, perdido desde hacía tres días, sin haber bebido una gota de agua en los últimos dos, a punto de perder la cordura y la vida contó el paso número mil. En el último destello de lucidez (o el primero de locura) había decidido contar mil pasos y luego cavar hasta encontrar agua. Apenas tenía fuerzas y a cada montón de tierra que sacaba se repetía que ese sería el último. Tras más de cincuenta últimos montones notó algo duro. Poco después abría un cofre de oro y piedras preciosas del que salió un destello que hablaba con un ligero acento que en ese momento no supo identificar.

-¿Quién eres? fue la lógica pregunta de Claude.

-Un demonio, un genio, un duende. No existo, no existí y no existiré, pero soy gracias a ti y te concedo un deseo, la enigmática respuesta del ente.

-Hazme inmortal rogó Claude pensando en su inminente muerte.

-Lo haré, pero con una condición: No podrás volver a decir “no”. Si lo haces perderás el don. ¿Aceptas?

- Acepto.

Tras un tiempo, nunca supo cuánto, despertó al lado de un gran hoyo. Pensó que había sido una alucinación y siguió andando. Tras más de una semana sin dejar de andar supo que algo había pasado. No podía seguir vivo. Al décimo día llegó a un pequeño pueblo.

Años después seguía siendo el mismo. No había envejecido un ápice ni recordaba haber sangrado una sola vez desde que salió del desierto. Se pasó un año y medio encerrado en una casa, saliendo sólo de noche para no encontrarse con nadie. Buscaba frases y respuestas en las que no apareciese la negación que acabaría con su inmortalidad.

Durante más de un siglo trabajó como mercenario. Con el dinero que ganó se pasó el siguiente viajando. Leyó y escribió. Perdió un diario en el que había descrito 70 años de su vida y pasó 120 recordando cada instante para rescribirlo. Cada noche soñaba con decir que no.

Varias veces no supo cómo responder que no y esto le llevó a trabajar de vendedor de camellos (duró poco al ser el único que no regateaba) y de zapatero personal de 4 Papas no consecutivos (siempre le sorprendió la facilidad que tenía para estar en el lugar equivocado en el momento equivocado). Limpió letrinas, fue el tercer y el noveno pirata Roberts, rey de tres países y reina de uno (una experiencia un tanto desagradable), bandido en Arkansas y sheriff en Texas, encontró oro, petróleo y diamantes y perdió el Santo Grial, Alsacia y Lorena, la batalla de Lepanto y un total de de 423 doblones de oro y 54 maravedíes. Se casó 117 veces (era guapo), y huyó otras tantas. Descubrió un continente y colonizó otro. Y se cansó.

No quería hacer el cálculo, pero sabía que llevaba vivo entre 800 y 1200 años. Siempre siendo el mismo, siempre viendo pasar gente. Intentaba no hacer amigos, pero terminaba haciéndolos. A algunos les olvidaba, pero otros seguían siempre ahí. Había estado enamorado dos veces y decidió que si llegaba la tercera viviría sus últimos años.

Años, pocos esta vez, después volvió a sentir que estaba enamorado. Vivía con ella y la quería. También era su amiga. Hacían el amor y reían con las mismas ganas. Jugaban, charlaban, se miraban. Se estaba arreglando ante el espejo, poniendo poses, enamorándole un poco más.

- ¿Crees que tendría que maquillarme?

Cerró los ojos. Vio momentos históricos e íntimos. Horas, días, segundos, minutos, semanas, años, instantes.

- No. Estás preciosa.


Palace divagó sobre esto a las 6:57 p. m..

Nombre: Palace
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Mas sobre mi: No hay mucho mas que saber