domingo, enero 21, 2007

El circo

- Me cansé de mi ciudad. No tenía amigos ni familia y mucho menos alguien a quien quisiera, así que nada me unía ya a ella. Tardé en darme cuenta y vine aquí, al mar. Tenía que vivir de algo y vi el cartel y dije “¿Por qué no?”

- Ya, pero… ¿El circo? No sabes cantar, ni bailar. No eres fuerte y no quieres hacer de payaso, ¿no deberías buscar otro trabajo?

- Tengo un título que no vale para nada y lo único que sé hacer es contar historias. Quiero probar. Cuando me canse ya tendré tiempo de buscar un trabajo de mierda que me frustre y en el que no tenga aspiraciones. Pero por ahora voy a probar, si tenéis algo para mí.

- Antes tenía a un sobrino vendiendo entradas y limpiando las gradas, pero se quedó en la última ciudad que visitamos. Si quieres el puesto… Pago en función de la entrada y no te puedo hacer un contrato.

- ¿Cuándo empiezo?



- Así que tú eres el nuevo. Yo soy Hércules. Forzudo y literato a tu servicio.

- Diego. Enclenque y literato.

- ¿Te enseño esto?

- Ya lo conozco, gracias.

- Entonces, ¿te cuento un secreto?

- Por favor.

- No lo conoces. Este circo no es un circo cualquiera.

- ¿No?

- No. Es mágico.

- ¿Mágico?

- Mágico. Y diferente. Por ejemplo, ¿ves a la mujer barbuda? Pues no es una mujer.

- ¿Qué es?

- Un hombre. El único hombre-mujer-barbuda del mundo ¿Ves los caballos? Todos ellos son unicornios, lo que pasa es que no les ha salido el cuerno.

- ¿Falta de calcio?

- De fluido mágico. Es difícil conseguirlo y se lo damos a los trapecistas para que vuelen. Si no sería peligroso lo que hacen, hasta con red.

- ¿Y los elefantes? ¿Mamuts calvos? ¿Tertulianos de la COPE?

- No, los elefantes son elefantes.



- Déjame Diego, ya limpio yo.

- No te preocupes, ya casi he terminado. Ve a quitarte el disfraz.

- ¿Qué disfraz?

- El de payaso. No me jodas que tú también vas a empezar con la coña del circo mágico.

- Así que ya has hablado con Hércules.

- Esta mañana.

- Bueno, es igual. Tiene algo de razón. A mí, por ejemplo, me gusta vestir de payaso.

- Y eres un payaso un tanto triste.

- Es pronto para que conozcas esa historia. ¿Seguro que no quieres que barra yo?

- No te preocupes.

- Como quieras. Por cierto, creo que le gustas a Primavera.

- ¿La ayudante del mago?

- Maga en prácticas, de hecho.

- Es guapa.

- No es guapa, es preciosa. Fíjate en sus ojos. Son color azul imposible. Y su sonrisa… Cuando sonríe es como si la conocieras de toda la vida. Tiene veinte años y ya tiene arrugas en la sonrisa. Eso es algo bueno. Ya termino yo de limpiar. Está en su camerino.

- ¿Su caravana?

- Joder, ¿no puedes darle un poco de glamour? Te hemos dicho que esto es un circo mágico.



- ¿Primavera?

- Sabía que vendrías.

- ¿Por que eres maga?

- Porque le he dicho a Tobías que te dijera que me gustas.

- Tenía razón en lo de los ojos.

- ¿En lo de la sonrisa no?

- También. ¿Qué me muera de ganas de hacerte el amor sin conocerte es por tu magia?

- Por la del circo.



- Buenos días.

- Te juro que quería madrugar y traerte el desayuno.

- Puedo hacerme la dormida.

- Vuelvo en diez minutos entonces.

- Quince. Me apetece un zumo de naranja natural.



- Buenos días Diego.

- Buenos días jefe.

- Tobías quiere verte.

- Tengo que hacer un zumo de naranja.

- Llévale este.

- Joder, si va a ser verdad lo de la magia.

- Es.



- Tobías.

- Diego. Ya no es pronto.

- ¿Qué?

- Para que conozcas la historia.

- ¿Por qué?

- Porque ya eres feliz y puedes asumirla. Si te la hubiera contado ayer te habrías deprimido y hubieras buscado otro trabajo. Ahora ya eres parte del circo.

- ¿Tan triste es?

- Hace cinco años este todavía no era un circo mágico y yo no vestía siempre de payaso. Éramos un circo más y estábamos casi todos los que estamos ahora. Faltaban Primavera y Elías, el domador de panteras, leones y tigres.

- ¿El que le tiene miedo a los gatos?

- Ese. Bueno, también faltabais el sobrino del jefe que se fue hace unas semanas y tú. Y estaba Víctor.

- ¿Víctor?

- Si, Víctor. Mi marido. Llevábamos casados un año y medio cuando se incendió la carpa en un ensayo. Estábamos todos dentro y habríamos muerto si no hubiera sido por Víctor. Se sacrificó. Él era mágico, ¿sabes? Entró y nos fue sacando a todos de dos en dos o tres en tres. El jefe y Hércules le ayudaron, pero hubo un momento que no podían más y siguió el solo. Cuando terminó estábamos todos sanos y salvos. Se acercó, me besó y se murió. A la mañana siguiente todo estaba como nuevo, ni rastro de las cenizas. En el lugar donde le habíamos enterrado había una nota escrita por él. Está en esa mesilla, pásamela por favor.

- ¿Esta?

- Si, gracias. Leo: “Hola a todos. Siento haberos abandonado sin poder despedirme, pero me quemé más de lo que creía. Os pido un favor. Haced feliz a la gente. Yo seguiré aquí en forma de magia. Seré cada aplauso y cada risa. Llegarán Primavera sin padres, Elías sin amada y Diego sin ilusión. Que sean también nosotros. Os echaré de menos. Sobre todo a ti.”

- Así que es verdad. El circo es mágico.

- Siempre. Este es sólo un poco diferente.


Palace divagó sobre esto a las 8:26 p. m..

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Mas sobre mi: No hay mucho mas que saber