jueves, mayo 31, 2007

Pampet

Hace años, no muchos, un país se vio en una situación económica muy apurada. Pocos medios recogieron la noticia, pues Pampet, que así se llama el país, está muy lejos de ser una potencia. Apenas tiene 500 habitantes y su capital es su única ciudad. El Presidente (que además era el Ministro de Interior, de Medio Ambiente y el conductor de la línea 4 de autobuses los fines de semana) se reunió con sus consejeros y, tras mucho debatir, concluyeron que la única solución viable sería renunciar a un color.

Pocos días después los 309 votantes censados en Pampet decidieron en un referéndum que el color del que podían prescindir era el amarillo. A la semana la medida era oficial y el amarillo desaparecía de Pampet. En un principio los habitantes no lamentaron la pérdida y se divertían viendo limones y post-it en blanco y negro, pero pasado un tiempo comenzaron a echar de menos la vitalidad del amarillo.

A pesar de todo, la medida pareció surtir efecto y la economía de Pampet se estabilizó. Es más, hasta pareció que en un futuro no muy lejano podría volverse a la situación anterior y recuperar el amarillo.

Fue entonces cuando llegó al país un experto en temas económicos que dijo llegar para ayudar a Pampet a superar la crisis. A pesar de que el Presidente le dijo que ya estaba todo solucionado, insistió hasta hacerle creer que era una solución no duradera, que los problemas volverían y se harían peores. Ante la gravedad de la situación se le otorgaron plenos poderes y se le encomendó la tarea de salvar al país. Lo que no sabían los Pampetienses es que el extranjero llamado Pohol Malvado sólo quería enriquecerse.

La primera medida que tomó fue la prohibición del color rojo. A nadie le gustó que la elección fuera hecha sin tener en cuenta al pueblo, pero P. Malvado argumentó que el rojo, con toda su fuerza, gastaba demasiada energía. Poco después suprimió el naranja y el morado. Les siguieron el verde y el marrón.

Nadie se dio cuenta en ese momento, pero mientras iban desapareciendo los colores de Pampet, lo iban haciendo las sensaciones y las emociones. Los pampetienses hacía tiempo que no tenían sentido del humor, que no sentían impulsos, que eran incapaces de sentir ánimo. El mismo presidente había dimitido otorgándole su puesto a Pohol Malvado. Mientras tanto, el nuevo líder de Pampet se enriquecía con el tráfico de colores y de influencias. Pronto todos los cargos importantes del país estuvieron ocupados por amigos suyos.

Cuando sólo quedaba un color la situación no se había vuelto desesperada porque era el azul, por lo que los pampetienses conservaban la esperanza. P. Malvado, viendo esto, decidió arrebatarles lo único que les quedaba. En dos días el azul tenía que desaparecer de Pampet.

El primero de esos dos días sólo se sentía uno de los sentimientos azules: la nostalgia. En bancos grises, en prados sin color, en ventanas llenas de flores que no decían nada, había pampetienses mirando hacia el cielo intentando atesorar el color que iban a perder.

El segundo día todo cambió. Cornelius Catronia había estado mirando los ojos azules de su mujer durante toda la noche, sin aceptar tener que perderlos. Desde el día en que se tuvo que prescindir del amarillo había ido escondiendo muestras de todos los colores en un cajón secreto escondido dentro de su armario y cada noche, antes de acostarse, los miraba uno a uno y recordaba los sentimientos que los pampetienses se habían resignado a olvidar. Así que, después de mirar los ojos que más iba a echar de menos fue a su colección de colores y, con unos ojos que deberían haber estado enrojecidos, los fue mirando mientras los derramaba sobre su camiseta. Salió a la calle.

El primero en ver a Cornelius fue su mejor amigo. Había visto con él alguna noche la colección de contrabando y la reconoció en seguida, aunque no sabía si algunos colores se habían formado sobre su camiseta o simplemente había llegado a olvidarlos. Se unió a él.

A menos de cien metros del palacio desde el que Pohol Malvado dirigía la ciudad mientras se enriquecía, ya había un grupo considerable de personas siguiendo a Cornelius. Habían recuperado todos los sentimientos, ahora querían los colores.

Al llegar al palacio los guardias pampetienses se unieron a ellos, los extranjeros decidieron no oponer resistencia. Entraron al despacho gritando, pero callaron al escuchar una detonación. Un líquido gris y viscoso salía del pecho de Cornelius Catronia.

Dos horas después, Pohol Malvado y sus ministros habían abandonado el país e iban a ser juzgados por un tribunal internacional. Mientras tanto, los pampetienses intentaban devolverle el color original a todas las cosas con éxito relativo. Cornelius estaba inconsciente, pero consiguió sobrevivir.

Ahora es el nuevo Presidente, el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales y el encargado de explicarle a los extranjeros por qué la gente de Pampet tiene la sangre de color verde.


Palace divagó sobre esto a las 9:44 p. m..

Nombre: Palace
Edad: 22
Mas sobre mi: No hay mucho mas que saber